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CONCEPTUALIZACIÓN DE LA ANTROPOLOGÍA EN LA CREACIÓN ARTÍSTICA

             Danza

Si entendemos la danza a partir de su naturaleza, es decir como movimiento corporal, asumimos que es un lenguaje social e históricamente determinado, cargado de símbolos -corporales- y combinaciones de movimientos, ritmos y dinámicas observables en un tiempo y espacio establecido.

La danza es un hecho social, producida por individuos con experiencia y circunstancias históricas quienes a través de ella, expresan su particular forma de concebir el mundo que los rodea y determina. La danza –por medio de su movimiento- es pues, el elemento de transmisión de esa cosmovisión que cumple una función comunicativa generando niveles de identificación. Los individuos y grupos sociales a partir de sus prácticas cotidianas, construyen una imagen de sí mismos –de ellos y de sus iguales y, por supuesto de quienes no les son iguales- elaboran procesos de reconocimiento y otredad, apoyados en sus características socioculturales comunes y no comunes. Construyen identidades que al igual que la danza, dicen del tiempo que les toca vivir.

Por otra parte, es fundamental considerar la condición efímera de la danza; nunca una coreografía, una secuencia, un movimiento serán iguales. Siempre la realización de la danza estará determinada por la circunstancia particular del momento y ámbito singular de su realización. En esa medida siempre será una obra única.  

Partiendo de que la antropología en términos generales es el conocimiento del hombre o como dice  E. Cassiere es la “comunidad de todo lo viviente”, debemos considerar que en los sectores populares “la persona” está subordinada a una totalidad social y cósmica que la supera, regida por las leyes de participación, vinculada en una relación de simpatía con todas las formas animadas o inertes que se juntan en el medio en el que vive. En este sentido, sus expresiones artísticas son las manifestaciones singulares de los elementos fundamentales que contienen.

Sobre el montaje artístico, entendido como los métodos como se  aborda la construcción (en este caso, colectiva) de la obra,  será la conjunción de los procedimientos y técnicas de creación (factor artístico y/o comunicacional) y los resultados de los procesos de investigación (entendidos como método de construcción de conocimiento / saberes), es decir ese “saber colectivo” concientizado a partir de su compresión como resultado de la investigación, traducido en metáfora para la creación.

Oswaldo Marchionda

 

            Teatro

Cuando Eugenio Barba afirma que el principal objetivo de la antropología teatral “es el estudio del comportamiento escénico pre-expresivo que se encuentra en la base de los diferentes géneros, estilos y papeles, y de las tradiciones personales o colectivas.”[1], hace referencia al estudio de “sistemas teatrales” que se encuentran, por tradición, claramente establecidos y codificados. El teatro Noh japones, las danzas Kathakali de la India, la pantomima clásica europea o la opera china son su objeto de estudio.

Aunque en nuestro paisaje cultural existen y persisten diversas manifestaciones y expresiones tradicionales con estas características y que bien podrían someterse a este tipo de análisis y estudio, en esta oportunidad nuestro interés apunta en otra dirección muy distinta, quizá su opuesto. Queremos dirigir la mirada hacia terrenos más inexplorados y baldíos, no por ello, infértiles, al contrario. Lugares donde la tradición teatral, tal y como la conocemos, no existe o es insipiente. Espacios donde su manifestación se encuentra en estado latente y mimetizado en el acontecer cotidiano.

Esto amerita la presencia de un experto, alguien que tenga una mirada entrenada y fina capaz de reconocer esta epifanía de lo teatral. En tal sentido, nuestra misión como facilitadores, es en primer término, guiar y acompañar a los participantes en esta búsqueda y establecer el reconocimiento de tales manifestaciones en ellos mismos como expresión y parte del colectivo al cual pertenecen. En segunda instancia, brindarles el apoyo técnico y artesanal necesario que les permita llevar a escena el resultado de dicha experiencia.

Paco Díaz

 

Música

La historia de los pueblos transcurre siempre arrullada por una música poderosa, incitante y plural, características de su existencia sonora. Cada país forja prácticas sociales recurrentes, cargadas de unos significados atribuidos y compartidos por el colectivo, que generan elementos de identidad con los cuales se diferencian, precisamente, de otras sociedades. 

En Venezuela, la música es una de las prácticas sociales más efectivas, desde el punto de vista identitario, de nuestro espectro cultural, razón por la que encontramos zonas musicales según la ascendencia que las culturas originarias han tenido en la elaboración y práctica del repertorio popular que sobrevive en cada región. Así, tenemos que en las regiones oriental y andina se hallan, principalmente,  melodías y ritmos de marcada ascendencia hispana; la costa central y occidental delatan la huella profunda de la polirritmia africana; y las regiones  extremas del país guardan el espectro sonoro indígena, vestigios ancestrales confinados a esa periferia territorial por el avasallamiento y la dominación española. No obstante, la necesidad de mirar más de cerca el panorama musical actual en muchos de los estados y regiones del país nos pone de frente con el sincretismo, por lo cual la presencia de rasgos puros de las culturas originarias ya no es suficiente para delimitar regiones de gran extensión ni de mayor homogeneidad cultural.

El auge de las comunidades mestizas fue generando una música igualmente híbrida, fusión de ritmos y sonidos. Si bien es cierto que en algunos repertorios sobresalen los rasgos de alguna de las tres culturas originarias, en la mayor parte de los casos el sincretismo resolvió el asunto dejando en las canciones y ritmos una paridad en la presencia de elementos hispanos, indígenas y  afro, incorporando posteriormente los elementos de la industria cultural y sus formas musicales comerciales de origen latinoamericano (salsa, merengue, reguetón, entre otros) o anglosajón (rock, pop, entre otros), accesible a grandes masas gracias al poder de la comunicación masiva.

Por las razones arriba vistas nos corresponde, con gran sentido de responsabilidad y desde una perspectiva antropológica, revalorar y difundir con vigor los elementos constitutivos  de la venezolanidad, en un esfuerzo por afianzar el sentido de pertenencia de nuestras comunidades con sus propias manifestaciones musicales. Esta iniciativa permitirá progresivamente que el pueblo convierta en herramientas de liberación y cambio su música, estableciendo así un diálogo con otras comunidades teniendo una valoración clara de su idiosincrasia, orgullosos de sus procesos históricos, tendiendo puentes sonoros por el que transiten en su camino hacia el afianzamiento de una verdadera democracia, con justicia y libertad y siempre con la perspectiva de un respeto genuino y espontáneo por las diferencias propias de nuestra cultura plural y mestiza.

José Ángel Viña



[1] BARBA, EUGENIO, La Canoa de Papel. Tratado de Antropología Teatral. Colección Escenología. Grupo Editorial Gaceta S.A. México. 1992.

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